viernes, 24 de septiembre de 2010

Los jinetes

 En el año 430 antes de Cristo la peste asoló Atenas. El historiador Tucídides, superviviente de la hecatombe, la describe con gran realismo. Y dos son las consecuencias que prefiere destacar: (1) cambios socio-económicos, con ricos que mueren sin poder traspasar su fortuna (todos sus parientes han muerto) y pobres que se hacen con esos bienes; y (2) cambios morales, pues muchos abandonan las buenas costumbres por verse ya condenados, actuando sin miedo al castigo,  mientras otros en cambio aumentan su devoción a los dioses, pidiendo la salvación.
 Si en la antigüedad esta es la epidemia más famosa, en la edad media lo será la de peste negra del siglo XIV. También trajo enormes cambios  socio-económicos, desde un aumento de los salarios por la escasez de mano de obra hasta la ruina de mercaderes por pérdida de cargamentos completos, pasando por fuertes desplazamientos de población. Asimismo cambios en la moral, desde el desenfreno que refleja Bocaccio en el Decamerón hasta las filas de flagelantes pidiendo perdón por nuestros pecados.
 En el siglo XVII la más conocida es la peste de Londres, pero sus consecuencias empiezan a ser distintas, mucho menos graves en el terreno socio-económico o moral. De hecho, ya en la edad moderna, las epidemias de gripe, viruela o sida no traen en absoluto unos fuertes cambios en estos campos (el sida aumenta la protección, pero no reduce la homosexualidad ni la promiscuidad). Una razón es que ya no son tan virulentas como antes. 
 Y sin embargo, ¿no han dejado las pestilencias y epidemias varias ningún heredero, ningún digno sucesor? Para responder a esto, veamos quiénes eran sus grandes amigos, su querida familia.
 El grupo más famoso donde encajar a la peste es el de los cuatro jinetes del apocalipsis. Aparecen brevemente en los primeros ocho versículos del capítulo VI, pero su éxito en el imaginario colectivo ha sido grandioso (a todos nos suenan). La epidemia aparece acompañada por el hambre, la guerra y la muerte. En realidad la muerte está un poco aparte (es la única a la que se denomina por su nombre, los otros son metáforas; y es el jinete final , un poco la consecuencia de los otros tres). Pero sería mejor, en la búsqueda de ese heredero, observar la representación más conocida de este delicioso cuarteto. Es la que nos da Durero en su grabado de 1498 (lo podéis mirar en internet, es uno de esos maravillosos dibujos renacentistas llenos de secretos).
 En esta ilustración la muerte, confirmando lo dicho, aparece aparte, abajo del dibujo y aislada. Pero cuando plasma a los otros tres miembros, ocurre algo sorprendente: no están tratados de la misma forma, sino que el jinete del hambre (palabra antigua para designar las crisis o catástrofes económicas) aparece en el centro de la obra, dominando toda la composición y marginando a los caballeros de la guerra y la peste. El jinete del hambre es el protagonista, empuñando su balanza, símbolo múltiple e instrumento práctico de cambistas y financieros.
 Aquí tenemos que buscar a ese heredero, en las crisis económicas (como la del 29, que alteró el orden socio-económico y moral, pensemos en el advenimiento de la república en España o del nazismo en Alemania); y parece que Durero acertaba viendo que realmente las guerras y epidemias son hijos de los conflictos económicos y la miseria.
 De hecho resulta extraordinario ver la descripción que hace Daniel Defoe de la peste de Londres de 1664, probablemente la última epidemia "clásica", comparable por su virulencia con la de Atenas, y que por  lo tanto nos sirve de transición entre el caballero de la pestilencia y el del hambre. Defoe realiza su narración en 1722, en una obra titulada Diario del año de la peste, y que sigue un esquema muy curioso. Comienza con la aparición de los primeros casos, pocos y de origen difuso; el número de enfermos sufre aumentos y estancamientos, pero poco a poco va creciendo hasta que la enfermedad crece a pasos agigantados. Se llega al clímax, con un panorama desolador. A partir de aquí, descensos y estancamientos, hasta que finalmente la epidemia se considera superada. Exactamente el mismo esquema con el que describimos las crisis económicas.
 Y si los desastres económicos han tomado el relevo de las pestes, sería interesante ver cómo se articulan sus causas y soluciones. Tradicionalmente las pestilencias eran explicadas de dos maneras: una racional, donde la enfermedad era vista como un fenómeno de causas naturales, con soluciones (si las había) naturales. Y una  manera religiosa, mítica, donde la enfermedad se percibía como un producto de nuestros pecados, que  provocaban un castigo divino . Y sólo una conversión moral calmaría la plaga.
 En la actualidad ocurre lo mismo. Las crisis económicas presentan dos explicaciones: una racional, donde las causas se buscan en la propia dinámica de los procesos económicos, y ahí están sus soluciones. Y otra mítica o religiosa, donde los orígenes del desastre se buscan (como antes) en los pecados humanos: la pereza, de quienes quieren ganar dinero sin trabajar (economía especulativa); la corrupción (de los servidores públicos); la mentira (de los balances, públicos o privados), la estafa (en poderosos tinglados), la soberbia, lujuria y ambición (de quienes quieren ganar demasiado), etc.  Para los que defienden esta explicación (actualmente creo que la mayoría) la solución la tenía ese viejo clérigo loco medieval, que a las masas aterrorizadas por la peste gritaba ansioso: ¡arrepentííííos...!
 

viernes, 3 de septiembre de 2010

La Broma

 Este escrito nace del sueño imposible de escribir una completa Historia Universal de la Burla. Pretendemos aquí hacer sólo un pequeño capitulito.
 Lo abordaremos (aunque parezca extraño) desde el estudio de las condiciones que hicieron posible que hoy en día abunden las ONG's, y su relación con la Revolución Francesa (doblemente extraño).
 Para ello comenzaremos analizando en diversos elementos sociales cómo han cambiado sus relaciones internas. Por ejemplo en la religión.
 Pensemos en la idea de dios durante el pasado reciente, en los tiempos del franquismo. Una de las formas dominantes para imaginar a dios era concebirlo como aquel que todo lo ve (recordemos  la imagen del triángulo con un ojo).  Dios era aquel que nos vigila constantemente, para castigarnos por nuestros pecados o premiarnos por nuestras virtudes. A dios nada se le escapa, y es un tópico la imagen del niño de la época aterrorizado por haber cometido un pecadillo.
 Así, dios aparece como nuestro padre, un padre de los de antes, justo pero severo, a quien pedimos perdón por nuestras ofensas y a quien le agradecemos que nos alimente cada día (como dice literalmente la principal oración del catolicismo, llamada con razón Padre Nuestro) .
 Y pensemos ahora en la imagen del dios actual. Es sobre todo un dios comprensivo, que nos consuela y acepta. Que está ahí en los momentos difíciles, para ayudarnos. Un apoyo en nuestras vidas, alguien que siempre nos perdona. En resumen, un amigo.
 Dios ha pasado de ser un severo padre vigilante a un colega. Por eso la iglesia, que antes hacía de intermediaria entre nosotros y un dios distante, ahora pierde su papel: con un colega podemos hablar directamente, sin necesidad de intermediarios.
 Ni que decir tiene que esta transformación se da paralelamente en otros muchos ámbitos. Por ejemplo en la escuela, donde hemos pasado de un profesor que nos vigila y castiga, o premia, y que debía ser justo y severo, a un profesor que tiene que ser amigo de los alumnos, donde estos lo miran en plano de igualdad. El profesor también tiene que ser colega. (el profesor es tu amigo, decía literalmente una campaña institucional contra las agresiones a docentes)
 Y lo mismo en las familias, donde cada vez es más normal ver a padres que se comportan con sus hijos como si fueran sus amigos, siguiendo modelos televisivos. Lejos queda el padre que inspiraba tanto más temor que amor.
 Este cambio de relaciones patriarcales, relaciones donde hay un superior y un inferior, a relaciones de amistad y alianza, también se da en la empresa. El empresario ya no aparece como el superior explotador de los débiles según la tradición izquierdista, ni como el padre bienhechor que cuida y alimenta a sus trabajadores, según la tradición derechista. En ambos casos un superior vigilante. La empresa ahora es un equipo, donde la colaboración de todos en el proyecto común redundará en beneficio para el conjunto. Empresarios y trabajadores deben ser aliados, amigos. Trabajar juntos en comunicación continua. Ser equipo, repetimos. Todos a una.
 El ejército y su jefe máximo, el jefe del estado, también han sufrido estos cambios. El ejército moderno surge a fines del XVIII y sobre todo a comienzos del siglo XIX, y desde entonces se autoconsideraba padre de la patria, con obligación de intervenir si los ciudadanos no demostraban mayoría de edad y no sabían gobernarse. Si votaban lo que no debían o no actuaban como tenían que hacerlo, su deber era intervenir, como un padre que regaña a sus hijos. La guerra civil y el 23-F son ejemplos de ello. Todo esto cambia con las tranformaciones que ya hemos visto, y el ejército debe buscar un nuevo papel. Efectivamente, pasará a convertirse en un fuerza de ayuda, amigo o aliado de pueblos y naciones con problemas.
 A sus jefes máximos les pasa lo mismo, y hemos pasado de un Franco caudillo, que vigila y nos premia y nos castiga, padre de la patria, a un monarca que tiene que ser nuestro aliado (simpático y campechano), amigo de todos.
 Estas transformaciones son el caldo de cultivo en el que nacen las ONG's. Estas sustituyen a las antiguas instituciones de limosna, palabra que nos trae a la cabeza la imagen de alguien de pie (superior) dando a alguien en el suelo (inferior). Las ONG's aparecen en cambio como instituciones de solidaridad, que denota relación entre iguales. Las ONG's son amigas de aquellos con problemas, y les dan no una paternal limosna, sino una amistosa y fraternal (de hermanos) solidaridad. Igual que entre el primer mundo y el tercero ya no hay relaciones de colonialismo, donde los blancos superiores tienen que civilizar y educar a los ingenuos salvajes, que son como niños, sino relaciones (teóricamente) de solidaridad y ayuda entre pueblos amigos y hermanos (nuestros hermanos sudamericanos, por ejemplo).
 Así, en las escuelas, las iglesias, los hogares, las empresas, los cuarteles, los palacios y las embajadas las relaciones han pasado de ser patriarcales a ser relaciones de hermandad, de amistad-alianza. Y aquí entra en juego la revolución francesa, como dije al principio. 
 Lo sorprendente es ver como su eslogan principal (libertad, igualdad, fraternidad), que todos conocemos, se ha convertido en una profecía de la historia de occidente. El siglo XIX, con el triunfo de los partidos liberales y su capitalismo liberal (que trajo la miseria que denuncian Marx o Dickens entre otros) supuso la burla a la liberté. El siglo XX, con el igualitarismo militar de los regímenes fascistas, el igualitarismo económico de los paises comunistas, o de las potencias capitalistas con sus clases medias y su estado del bienestar, supuso la burla de la égalité. Ahora, en el siglo XXI era inevitable la burla del elemento que faltaba y que ya se ha impuesto: la fraternité.