miércoles, 18 de agosto de 2010

Cinco... Saca!

 He sacado un cinco en el parchís y me toca jugar. Comienza el blog.
 Esta primera reflexión va sobre el siglo XXI y nuestra supuesta modernidad. Pero comenzaremos hablando del siglo XVII, cuando los mosqueteros iban con botas altas para no llenarse de porquería en las calles.
 En esta época una ciencia se encuentra todavía, aunque no por mucho tiempo, en buen estado de salud: la astrología. Panfletos, boletines, folletines, libritos, libros; un montón de formatos más contienen predicciones astrológicas. Diríamos que es normal pues vivían todavía en el oscurantismo, previo a nuestra edad científica.
 Tranquilos, esto no va del típico comentario de que en la actualidad también miramos los horóscopos y es que en el fondo somos iguales que ellos y no hemos avanzado nada. Este blog aspira a no ser un tópico.
  Decíamos que la astrología funcionaba. Sus autores son personajes socialmente relevantes. Personas cultas con influencia en el mundo del pensamiento. Esto no es nada nuevo ni desconocido. El modo de pensamiento renacentista encajaba perfectamente con los principios de la astrología.
 En efecto, en el Renacimiento se piensa que entre las cosas del cielo y las de la tierra hay estrechas relaciones de atracción (amor) y repulsión (odio). No en vano Leonardo da Vinci se preocupa de estudiar las mareas como producto de la atracción lunar, o las relaciones geométricas entre el sol y el ojo humano. Al final se llegará a la ley de la gravedad de Newton, previo paso por los estudios de magnetismo de  Gilbert. En este contexto, la creencia en que los astros influyen en los humanos aparece como obvia, refrendada además por las opiniones de los científicos clásicos grecorromanos, como Ptolomeo o Galeno, o incluso por la tradición religiosa, como la estrella del portal de Belén que indica el nacimiento del mesias y que aún tenemos en nuestra casas.
 En el siglo XVII el propio Galileo Galilei escribirá predicciones astrológicas para sacar algún dinerillo, pues era un negocio en auge. Todo esto convertía la astrología en una ciencia influyente en la sociedad, con peso específico.
 Un ejemplo de esto lo tenemos en la excelente y bien documentada novela histórica Imprimatur, de Monaldi&Sorti, donde aparece la predicción que el clérigo e intelectual abate Orazio Morandi hizo sobre la muerte del papa Urbano VIII, en la primera mitad del siglo XVII. Tal fue la influencia de su escrito que varios cardenales empezaron ya a preparar el cónclave para la sucesión, lo que provocó las iras del pontífice y un endurecimiento de las leyes contra la astrología, por su poder de alterar el orden público, no por motivos científicos ni religiosos, como a veces se cree.
 Ahora bien, parece que todo esto ya pasó, que hemos entrado en la auténtica era de la ciencia y que estas supersticiones han sido superadas. Y así es, si pensamos que la sucesora de la astrología es la propia astrología.
 Pero no lo es. La actual astrología no tiene influencia social, no es desarrollada por figuras culturales de nuestra época, y no supone por tanto ningún problema de orden público.Cuando en la filosofía de la ciencia se plantea si la astrología es un saber científico o no, tenemos otro ejemplo de debate filosófico estéril, pues la propia sociedad hace tiempo que dejó de considerarla ciencia, y eso es lo importante. Se la piensa como un divertimento, una sección ligera del periódico, o simplemente como un engaño para los ignorantes desesperados que ven demasiada televisión a altas horas de la madrugada. Nada que ver con lo que había sido antes.
 Por lo tanto la pregunta ahora sería, ¿qué disciplina ha ocupado su lugar? Para responder, fijémonos qué necesidades resolvía la astrología. Sus temas de ocupación a nivel social eran la enfermedad, muerte y sucesión de monarcas y altos cargos civiles, militares y eclesiásticos, las guerras, las epidemias, la meteorología y las plagas. Eran los asuntos que preocupaban: la muerte de un rey podía producir guerras y hasta cambio de religión en el estado, la peste podía matar a toda tu familia, que también podía morir de hambre si el tiempo o los insectos no acompañaban a las cosechas, etc.
 Ahora bien, las personas de la época eran conscientes de que las predicciones astrológicas fallaban muchas veces, como es lógico (sin ir más lejos la que hemos comentado más arriba del abate Morandi). ¿Por qué la astrología duró entonces siglos? Descartando que fueran tontos de remate (no eran más tontos que nosotros), la explicación está en que la astrología cubría la necesidad psicológica de conocer el futuro en aquellos temas sociales que más no afectaban, ante los cuales nos resulta duro no tener predicciones. Y si finalmente la astrología cayó, fue porque otra disciplina ocupó su lugar, otra disciplina que atendía a los problemas nuevos que atormentaban a los ciudadanos. Nuevos problemas, nueva ciencia; eso sentenció a la astrología.
 ¿Y cuáles son esos nuevos problemas que ahora nos atormentan? Ya no la muerte de reyes o papas, ni las plagas de los campos. Los nuevos problemas son los problemas económicos: el desempleo, el precio de las cosas, la competitividad, el crecimiento, los salarios... Así nació la economía. Ocupa el mismo lugar estructural que la astrología. Continuamente se publican panfletos, boletines, folletines, libritos, libros, sobre cómo va a evolucionar la economía. Y estas predicciones sobre el futuro la realizan agentes prestigiosos socialmente, como bancos centrales nacionales y supranacionales, organismos económicos mundiales, fundaciones públicas y privadas, bancos privados y cajas de ahorro, catedráticos y hasta premios Nobel. Y sus conclusiones tienen una fuerte influencia. Un informe negativo en las predicciones (ellos prefieren usar el término pre-visiones) sobre un país puede hundir efectivamente a ese país. Además, al igual que la astrología utilizan una terminología extraña, difícil de entender, y con base matemática (la astrología se basa en la astronomía que a su vez se basa en la matemática).
 Estos oráculos económicos también fallan continuamente (¿alguno predijo la crisis actual?) y sin embargo los atendemos con seriedad (pues cubren la necesidad psicológica de la que hablamos antes) a través de los medios de comunicación, exactamente igual que las gacetillas astrológicas. De hecho la astrología comienza a morir a finales del siglo XVIII, y enseguida la economía toma su relevo: aparecen figuras como Malthus con sus predicciones lúgubres, o Marx, con sus profecias optimistas. Ambos economistas.
 Así, los del siglo XXI nos extrañamos de la ingenuidad de los del siglo XVII. Probablemente en el siglo XXIII se reirán de nosotros, extrañados de que la economía tuviera sitio en las universidades. Menos mal que siempre nos quedará el siglo XXV.